"Es nuestra labor como consumidores exigirles a las marcas lo que debería ser un producto ideal."


 

¿Qué tipo de consumidora eres? ¿Te consideras alguien que valora la calidad o lo barato? Por desgracia, y por alguna razón, el mundo en el que vivimos a menudo nos divide en decisiones que no deberían ser opuestas, por el contrario, deberían ser complementarias y obligatorias para todo el que quiera vender un producto a las personas. 


Es nuestra labor como consumidores exigirles a las marcas lo que debería ser un producto ideal: calidad, precio y sustentabilidad. Rara vez se pueden adquirir tales características, especialmente con las pocas regulaciones y mentiras que facilitan la proliferación de objetos dañinos para nuestra economía, nuestra salud y ambiente. ¿Cómo puede ser esto? 


Siempre ha habido empresas que mantienen prácticas irresponsables en su cadena de valor; aquí podemos hablar de horarios abusivos, pocas o nulas garantías, presiones desmedidas, mano de obra cuasi esclavista, trabajo infantil, etc. Nike y GAP a principios de los 90´s. Pero ese fue solo el inicio de un aparato depredador conformado por Apple, Samsung, Hershey’s, Inditex y muchas otras que han sido denunciadas recientemente.

Otro mito para discutirse es que el tener una etiqueta que diga “orgánico” o “sustentable” no garantiza que esto lo sea. Primero que nada por la asociación que la gente hace con la ecología, tildando de “verde” a algunos de los peores contaminantes del planeta.  La sustentabilidad debe responder a tres conceptos: ambiental, social y económico. A esto se le denomina el triple bottom line o las famosas 3 P´s: People (personas), Planet (planeta), Profit (ganancia o beneficio).

En este sentido, las empresas tiene que reunir obligatoriamente todos los requisitos mencionados. No puede haber una que venda productos verdes hechos por niños, tampoco productos útiles para las personas pero malos para el ambiente, esto tampoco sería viable o sostenible en el largo plazo. Escenario en el que quizás estemos viviendo en este momento. 

Sin embargo, tristemente, si una empresa produjera bienes ambientalmente seguros y contuviera una cadena de valor con justicia social y prácticas laborales adecuadas pero careciera de un mercado o sus productos no fueran capaces de producir rentabilidad alguna, tampoco sería sustentable, porque fallaría en su parte económica.

Sólo aquellos productos que son ambientalmente seguros, socialmente justos, y rentables para sus creadores –y consumidores–, pueden obtener esta distinción; lo que quiere decir que pueden sostenerse en el tiempo.

Para ser consumidores responsables hay que ser conscientes entonces de los procesos detrás de la producción de nuestros bienes. Puede ser una carga, pero también es necesario que las empresas transparenten el alto costo de su bajo costo, habiendo mencionado eso, es importante notar que Dunes Relaxed Fashion ha cumplido con lo mencionado desde mucho antes de que fuera tendencia tener decencia. 

Desde el inicio la meta fue clara: ofrecer a las mujeres una alternativa de mayor calidad que sea tan longeva 40 años de trabajar con telas de mejor material con mayor resistencia. Como a menudo sucede, en el camino fuimos encontrando vocación y motivos ulteriores que nos propulsaron con el proyecto. Fuimos recogiendo personas que necesitaban de estabilidad y tratando de brindarles a mujeres con problemas de toda índole un apoyo que las ayudara a independizarse bajo la consigna que Woolf sugería, para una libertad económica que pudiera aminorar la desventaja que propone nuestra condición, el género, en este país.

Sin embargo, las cosas tenían que ser así tanto dentro como fuera y nuestros procesos cada vez se fueron transparentando más hasta ser motivo de orgullo y apremio de parte de autoridades que encontraron en Dunes: ropa para mujer que representaba ayuda a un sector azotado, ropa que apoyara la economía local y nacional con una fuerte identidad cultural para exportar, ropa que sobreviviera el paso del tiempo con el menor desgaste posible (tanto en color como en textura) y por último, ropa que no generará una huella nociva indeleble. 

Es gracias a sistemas de producción sin almacén que sostenemos nuestro compromiso; haciendo de cada orden (literalmente) una pieza única para cada cliente. Así, además, se disminuyen los estragos de producir para alguien inexistente. Piezas que toman recursos y tiempo a veces desperdiciados. Es hora de evitar el desperdicio, de afinar criterios y exigir mejoría. Es hora de volverse un consumidor responsable. Entender nuestro rol en esta cadena que devora al ecosistema, a nuestra sociedad y nuestra vida.

Volvemos entonces al inicio: ¿Qué tipo de consumidora eres? ¿Te consideras alguien que valora la calidad o lo barato? Por desgracia, y por alguna razón, el mundo en el que vivimos a menudo nos divide en decisiones que no deberían ser opuestas, por el contrario, deberían ser complementarias y obligatorias para todo el que quiera vender un producto a las personas.


"Es hora de evitar el desperdicio, de afinar criterios y exigir mejoría."

"Es hora de volverse un consumidor responsable. Entender nuestro rol en la cadena que devora al ecosistema, a nuestra sociedad y nuestra vida."